25/9/08

. . .



Y si no te tengo a mi lado serán imaginaciones mías.
Debo de estar loca, pero te veo, te ¡tengo!, te toco, te huelo, te abrazo,
te siento, te beso, te amo, te muerdo, te quiero, me apasiono
y me obsesiono con tu olor, dulce agonía que me ata desde la lejanía a
tu piel suave, rozada y deseada tanto que desearía no más que morderla
siempre. Leve incordio el de mis dientes que te aprietan, te hieren pero te aman, quieren tenerte siempre y hacerte sentir ese rumor que te hace temblar, desvanecerte, derretirte, deshacerte y hacerte mío eternamente. Después te lamo, quiero saborearte, es una muestra más
de dulzura, un cariño, un elogio, una loa a tu piel y a tu sabor, una caricia
instantánea que te cubre de sudor inocente, que te enfría pero yo te
vuelvo a lamer y el calor no cesa. Oh, y después... después te beso,
hermosos sello que cierra nuestro amor, es sólo una formalidad que transmito
en tu piel o en tus labios, palabras que no deseo que escuches si no que
sientas.
Ah... maldita y amada tu fragancia sea, sigo oliéndote, y no estás aquí,
aunque mi mente aún permite la ilusión de que lo estuvieras. Me giro y te
veo a mi lado acariciándome, comprendiéndome y señalándome que no
soy la única que ama esta vez. Que no son sueños nuestros abrazos,
que tus palabras no son mentiras, que tus besos no son trampas, sino
realidades, verdades sin malicias.
¡Y a estas alturas me sigues poniendo nerviosa! ¿Cómo lo haces para
hacerme dudar? Para hacer que te alabe como a un ser divino y me sienta yo indigna y estúpida ante tu belleza y maravillosidad. No lo sé, debe de ser amor. Las mariposas, las inolvidables mariposas siguen ahí.
Qué suerte tengo.
Qué suerte tengo de tenerte.
Gracias.